UCRANIA SE PARECE A LA SUPERFICIE DE LA LUNA
Jorge Garcés B.
La guerra en Irán ya no depende de Estados Unidos (EUA), sino de Netanyahu; y la guerra en Ucrania tampoco depende de EUA, sino de Europa. En todo caso, EUA lleva el 91 por ciento de su historia —o 249 años de sus 250 años como república federal y constitucional— inmiscuido en guerras formales e intervenciones militares. Otros afirman que EUA lleva involucrado en conflictos bélicos entre 228 y 235 años de su existencia como nación, dejando menos de dos décadas de paz total para los que les gusta sumar y restar estas cosas.
Ahora bien, las guerras de Ucrania e Irán son asimétricas o de desgaste. Esto significa que ganará el que no pierda, o el que pueda resistir más tiempo. Lo cierto es que Ucrania no aguanta un año más de guerra con Rusia, y su derrota también será una derrota para el mundo occidental. Por lo tanto, EUA es un falso mediador, porque también hace parte del problema, aunque el presidente Trump envíe al director de la CIA, al esposo de Ivanka Trump y al emisario de la Casa Blanca para que dialoguen con Putin.
Trump le está proponiendo a Putin que Rusia vuelva a los círculos económicos y financieros del mundo occidental, pero no precisamente a cambio de que detenga la guerra en Ucrania, sino para tener acceso a las tierras raras y minerales críticos en Múrmansk, Yakutia y el macizo de Yibiny, en la península de Kola. Además, en Europa se niegan a reconocer que Rusia es un país europeo, a pesar de que necesitan del gas y del petróleo ruso para el invierno, y de que necesitan la gasolina de avión y el diésel para abastecer buena parte de su transporte pesado y la maquinaria de sus sectores productivos, porque el Viejo Continente tiene serias deficiencias en materia de combustibles.
Más aún, en momentos en que ni Catar ni Arabia Saudita pueden exportar su gas y petróleo como habitualmente lo hacían —porque el estrecho de Ormuz y el estrecho de Mandeb se encuentran cerrados, y porque el oleoducto Este-Oeste, Abqaiq-Yanbu o Petroline, fue bombardeado por los hutíes—. Así que el problema ya ni siquiera son los precios del gas y del petróleo, sino su escasez física o material.
En otras palabras, Occidente necesita más a Rusia que Rusia a EUA y a Europa. Trump responsabiliza de esta situación a Biden, pero en realidad se trata de un histórico error de cálculo geopolítico de las potencias occidentales, que data de hace 26 años y que no le dejó otra opción al Kremlin que buscar aliados como China. Europa y EUA nunca entendieron que el paréntesis entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría había terminado. Es más, la Unión Europea debería prepararse para una nueva oleada de ucranianos que van a buscar refugio y le van a pedir asilo en los próximos meses.
El hecho es que Ucrania se está quedando sin hombres para combatir; sin Starlink (internet satelital) para su red de comunicaciones estratégicas; sin energía para el invierno, a finales de año; y sin agua y comida, debido a los permanentes ataques rusos contra la infraestructura de sus centrales de abasto. Por si fuera poco, Rusia también le impuso un bloqueo naval a los 18 puertos ucranianos a lo largo de su costa en el mar Negro y el mar de Azov, especialmente a los puertos de Odesa, Chornomorsk y Pivdennyi, que conforman un nodo logístico para el comercio internacional y la exportación de cereales. Mejor dicho, Putin se cansó y está rompiendo la economía ucraniana y, dicho sea de paso, la economía europea también. Entre otras cosas, Europa se está quedando sin nada que ofrecerle al mundo contemporáneo.
Pero, para hacerse una mejor idea de la situación en Ucrania, Rusia lanzó en agosto 8.766 bombas de hasta 3.000 kilos sobre los ucranianos. Por ejemplo, bombardeó una fábrica de Coca-Cola a las afueras de Kiev y, días antes, bombardeó una fábrica de Pepsi-Cola al sur de Ucrania, en la región de Mykolaiv. Así que hasta las gaseosas están escaseando en Kiev; es muy probable que Zelenski no muera de viejo, y Ucrania se parece cada vez más a la superficie de la Luna.
Por otra parte, Alemania sigue armándose por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial y, además, viene recibiendo asistencia militar de Israel. No hace mucho estuvo haciendo pruebas con misiles balísticos que tienen un alcance de hasta 500 kilómetros, y pareciera que quisieran estimular o recuperar su economía en una guerra con Rusia.
China salvó la economía del planeta en 2008, evitando que la crisis financiera se convirtiera en una depresión mayor. La pregunta es quién salvará al mundo de la crisis energética que se avecina, de las pugnas por los minerales estratégicos y de la inteligencia artificial (IA). Menciono esto porque Occidente sigue creyendo que estamos librando guerras en el siglo XX, y la verdad es que estamos ante una crisis que cada vez fluctúa menos y que no tiene un epicentro claro o definido, sino múltiples focos de presión en Europa, Asia, África y Medio Oriente.




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