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LA TIRANÍA SIN TIRANO

  • garcesbjorge
  • hace 11 horas
  • 3 min de lectura

Jorge Garcés B.


 

Todas las ciencias intentan explicar de dónde venimos, pero ninguna sabe a ciencia cierta quiénes somos ni para dónde vamos como civilización. Lo cierto es que el concepto de idea viene de vivir y la acción de pensar es el cuerpo de esa vida o el claustro del alma. En todo caso, somos lo que no podemos ser: sujetos etimológicamente sujetados y muertos del miedo de ser libres.


El hecho es que la desobediencia civil puede tener dos orígenes distintos: el exceso de poder (la tiranía) o el déficit de poder (la anomia). Así que esto de la obediencia es un asunto complejo, porque requiere de una autoridad legítima y eficaz, especialmente en los campos de la justicia, la democracia y la paz, para permitir la gobernanza, consolidar el Estado y cumplir las leyes supremas (la Constitución) del Estado en cuestión.

 

Por lo tanto, la anomia y la tiranía son un problema político. En la anomia falla el Estado y en la tiranía se pierde la democracia. Colombia, por ejemplo, es el resultado de un Estado históricamente ausente, una sociedad pasiva, pero fuerte y una Constitución para unas cosas garantista y para otras de papel, aunque con la suerte para algunos o la desgracia para otros de siempre haber tenido un régimen semirrepresivo que mantuvo el statu quo y resguardó los intereses del Establecimiento o del capital. Por eso, en Colombia no hay respeto por las autoridades ni por la ley, porque la gente hace mucho tiempo decidió sacrificar el orden por una violencia completamente anárquica y los vestigios democráticos por cualquier cosa que mejorara su situación económica y resolviera sus problemas más inmediatos de manera eficaz.


Mientras tanto, los actores armados ilegales ofrecen orden o se disputan el orden en más de la mitad de los municipios del país. Esto evidencia que el contrato social está roto. No hay políticas públicas ni un plan de desarrollo a mediano o largo plazo para que podamos soñar despiertos o dormir tranquilos. Por consiguiente, todo lo anterior suele desembocar en el autoritarismo, en la anarquía o en lo que Hannah Arendt llamaría “la tiranía sin tirano”.


Así que el anhelo por orden, seguridad y “mano dura” es tan grande y necesario como el anhelo por justicia social o por un orden más justo y democrático. De tal manera que es urgente encontrar un camino o una relación virtuosa entre el Estado y los ciudadanos para que podamos comenzar a construir capital social. Sin embargo, no hay democracia perfecta ni sociedad sin Estado, porque la democracia es un ideal y el Estado es una necesidad del hombre.


Así pues, tensiones democráticas como libertad vs orden, libre mercado vs regulación estatal, legitimidad vs legalidad y autoridad vs autoritarismo, deben enseñarnos a ser más flexibles y dúctiles frente al conflicto y las problemáticas sociales, porque un Estado se construye en medio de las tensiones y con la participación ciudadana.


Ahora bien, en Colombia la izquierda recién está aprendiendo a gobernar, y la derecha recién está aprendiendo a valorar la crítica social de una manera más abstracta y cualitativa. Además, para que cualquier cambio perdure en una democracia, el cambio debe hacerse de manera pacífica y tranquila, aunque ninguna reivindicación social en la historia de la humanidad se haya conseguido en completa armonía. Por otra parte, para que haya estabilidad macroeconómica o seguridad jurídica, las reglas del juego democrático deben acordarse previamente entre quienes se disputan y tienen vocación de poder.


Ciertamente, no hay fórmulas mágicas para nada en esta vida. Los seres humanos somos conflictivos y contradictorios. El destino es misterioso. Los senderos son varios, y la libertad humana necesita de justicia social y orden para poder ser verdaderamente libre. Más aún: la violencia en Colombia se ha convertido en un impuesto que funciona mal. Los ricos deben invertir en seguridad y los pobres ponen los muertos. En cuanto a la corrupción, ese es otro impuesto que también funciona mal, porque es sumamente costoso, dañino, regresivo y no ofrece ningún beneficio para la sociedad.

 
 
 

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