TUS OJOS SOY YO
- Jorge B
- hace 20 horas
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Jorge Garcés B.
Los individuos compartimos un horizonte de hechos problemáticos en el que coexiste el conflicto y la confusión. En este camino de piedra se materializan las distintas formas del ser y del yo. La persona es máscara y la vida es teatro, pero no hay lugar en esta vida para el desenmascaramiento. Cuando miramos, aunque sea por un instante, saturamos el instante, porque nuestra mirada es completamente oblicua y sesgada.
En el mundo de las miradas, los ojos son una parte del cuerpo que no le pertenece al sujeto. Son extraños y profundamente ajenos. Conforman un alter ego fuera del individuo y tienen una intencionalidad propia. Los ojos son otra persona: miran al otro con deseo y se miran a sí mismos con rechazo. Miramos para construir un vínculo; retiramos la mirada para producir una ruptura. Orientamos la mirada hacia los no-lugares para transformar el miedo, pero nos la regresan. Y al regresárnosla nos recuerdan que todos somos visiblemente vulnerables y objetos sin autonomía.
La mirada intenta concretar un yo que no oculte su naturaleza, pero que pueda habitar otra racionalidad espacial con la mirada. El individuo necesita del lugar para justificar su mirada sobre el hecho social, la moral y las cosas. El problema no es de perspectiva, sino de perspectivismo: recrear los ojos tristes y los recuerdos sin forma, componer una realidad abstracta y descifrar una humanidad confusa. Tanta claridad es una tontería para el yo, aunque es una bendición para el alma y para su manía de tener una idea propia sobre el sexo de las cosas, o una fatal retrospectiva sobre la negación.
La dialéctica consiste en hacer lo mismo con la razón y lo contrario con el arte. Recrear no es reproducir: es aparecer y desaparecer en el otro. No en el cuerpo de las emociones fuertes, sino cruzando la historia humana con la historia propia, montándose sobre el cuerpo sensorial del alma. No para recrear la vida como Rimbaud, sino para que nuestra aparición vital se manifieste en el espacio físico del alma. Afirmamos a pesar de las contradicciones. Negamos para revestir de valor al lenguaje y sintetizamos para concentrar la expresión en las realidades más distantes.
Esto corresponde a la realidad de comunicar experiencias dolorosamente subjetivas. Porque el individuo vive más sociedades que realidades. Y vive donde el otro es su mejor yo. Donde no necesita cambiar las musas por las hienas, al niño por las moscas, ni a la muerte por la fuga de su implacable normativa.




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