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SOMOS CONTINUIDAD

  • Foto del escritor: Jorge B
    Jorge B
  • hace 21 horas
  • 2 min de lectura

Jorge Garcés B.

 

 

Cultura es todo lo que hace el hombre y que genera culpa o malestar. Cultura también es pulsión y expulsión o “tótem y tabú”. Así que la cultura es más instintiva que racional, porque somos animales y somos más deseo que saber. Esto es freudiano y tal vez por eso olvidamos que somos mortales y que no somos “oceánicos” ni todopoderosos. Es una pena que los ingenieros no puedan ayudarnos a resolver este oprobioso estado de inmadurez, pero afortunadamente la filosofía nos ayuda con todo lo que humanamente está fuera de nuestro alcance.

 

Esto explicaría nuestra necesidad de creer en algo y nuestra urgencia para que el yo se vuelva objeto y para que el yo se vuelva el objeto de alguien. Por ejemplo, durante la etapa del enamoramiento, porque al desenamorarnos, nace un nuevo yo que vuelve a desembocar en un principio de realidad para posponer el placer desde un lugar seguro.

 

La cultura, cuando se vuelve artificio, opera de un modo parecido. No siempre cumple con una función social, pero satisface una necesidad vital y a veces es engañosa. Ahora bien, el carácter íntimo de una pieza de arte puede satisfacer la necesidad de expresión que tiene el artista, pero la obra de arte no necesariamente cumple con una función social si no se socializa. Por otra parte, en las historias, contradicciones y heterogeneidad de las culturas es donde se encuentra la verdadera riqueza de su personalidad materializándose.

 

Entonces, cultura es encuentro y desencuentro. Encuentro y desencuentro entre culturas o entre seres humanos de una misma cultura. Lo cierto es que el hombre nace sin querer nacer y casi siempre muere sin querer morir. Mientras tanto, el pensamiento vive obsesionado con lo que no tiene o con lo que tienen los demás.

 

Frente a esa obsesión, la decisión de ensimismarse se puede convertir en una enorme paz para el individuo o en un profundo dolor de cabeza para los demás; porque los individuos estamos dentro de un cuerpo físico (exterior) y un cuerpo de ideas (interior). En el mundo interior nos gobiernan las ideas y en el mundo exterior nos gobiernan las cosas. Lo ideal sería liberarse de las ideas, dejar de humanizar a las cosas y dejar de pensar que las cosas piensan.

 

En consecuencia, el hombre no sabe lo que es y siempre está en peligro de deshumanizarse para descubrir quién es. El hombre al que me refiero es el hombre racional y no el hombre amoroso, aunque se puede ser racionalmente amoroso e ignorar que cultura es un semidios huyendo del hombre o un hombre desafiando a Nietzsche.

 
 
 

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