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SOBRE LA PAZ, EL CONFLICTO Y OTROS DEMONIOS

Jorge Garcés B.


Los retos de las ciencias sociales se parecen en algo a los retos de la globalización, porque el primero obliga a que, las humanidades se necesiten unas a otras, para comprender que no se puede separar al hombre de la sociedad, la cultura, la naturaleza, es decir, del entorno (si en realidad se le quiere comprender holísticamente) y la globalización sugiere, entre sus múltiples definiciones, que todos dependemos ya de todos.


Entre tanto, debo empezar diciendo que la violencia no es un elemento biológico, instintivo, inherente o ineludible de la condición humana. Tal vez por esa equivocada creencia histórica (antropología biológica) existe más literatura sobre la guerra que sobre la paz[1]. Y los aparatos ideológicos del sistema, es decir, los medios de comunicación masiva hacen de la paz un asunto ordinario o de poca monta y de la violencia un hecho extraordinario para nuestras vidas (Jiménez Bautista, 2004b: 50).


Eso explica en algo por qué en términos generales a la investigación académica todavía le hace falta equilibrio y ciertas competencias para la paz, a pesar de que “ni la violencia es tan general ni la paz tan espuria” (Martínez Guzmán, 2005c:82). Por eso estoy de acuerdo con la Declaración de Sevilla de 1986, según la cual “no somos violentos por naturaleza, sino que, tanto la violencia como la paz, son construcciones sociales” (Adams, 1992: 293 – 295).

El problema es que, al anular a la paz como alternativa, el conflicto deja de ser dialéctico, confundiendo a las culturas con los genes[2]. Este ha sido en parte el resultado de la antropología cultural. En palabras de Kant: “el estudio de lo que nosotros hemos hecho de nosotros mismos” (San Martín, 1992: 40). Sin embargo, los puentes, las interdependencias, los valores y las culturas de las culturas juegan un papel fundamental a la hora de mantener la paz, valorar la paz y resolver los conflictos[3].


Ahora bien, la antropología filosófica[4], según San Martín, es la disciplina que reflexiona sobre los conceptos comunes que tenemos todos los seres humanos; pero para ello debemos ponernos de acuerdo sobre un sistema de valores que deslegitime la guerra y la violencia; que reconozca que la Teoría de la Evolución de Darwin no sirve para construir una cultura de paz y que los medios de comunicación deben enfocarse más en una paz imperfecta que en una guerra perfecta. De esta manera, comenzaríamos a redefinir el modelo antropológico dominante y estaríamos dando un paso gigantesco para hacer las paces.


Claro está, que la mejor manera de resolver un conflicto es previniéndolo (Modelo de Collier). De lo contrario, es recomendable identificar el contexto[5] y entre más temprano se aborde el conflicto mucho mejor. Arnson & Zartman lo advierten: (…) “antes que la necesidad alimente el credo y el credo alimente la codicia” de los guerreros. Sobre todo, Toledo y Barrera-Bassols (2008: 190-193), en momentos cuando la globalización “atenta contra la memoria de la especie humana”. Es decir, contra la identidad étnica: “la ideología más poderosa y radical de nuestro tiempo” o contra la dimensión ecológica, entendida como otra fuente de nuevos conflictos o de conflictos contemporáneos[6].


Afortunadamente, para el Siglo XXI se proyecta un declive de las guerras irregulares y una disminución considerable de las guerras civiles. Pero todo no es color de rosa, porque la tendencia indica que la insurgencia va rumbo hacia el terrorismo transnacional urbano[7].


Al mismo tiempo, cabe señalar que hace poco surgió una teoría o una construcción cultural y ético-política denominada La ‘Noviolencia[8]’, con el propósito de realizar cambios sociales en todas las esferas. Cicerón, Gandhi, Martin Luther King Jr, Lanza del Vasto y Tolstoi (2012), la abordan de las siguientes maneras: ¿Qué podemos hacer contra la fuerza sin la fuerza?; la noviolencia es el uso de la verdad y la justicia sin matar, causar daño o sufrimiento… la fuerza de amar, de amar hasta los enemigos… una manera activa de combatir el mal sin causar mal y una fuerza más subversiva que los fusiles.


En síntesis, se trata nuevamente de tender puentes de diálogo y entendimiento entre las partes en un conflicto; de buscar alternativas para resolver las consecuencias de la violencia directa; de denunciar con argumentos la cultura de la guerra; de buscar la verdad, aunque no exista; de pensar y construir de manera alternativa la realidad o las realidades y de razonar creativamente[9]. El problema es que el éxito o fracaso de la noviolencia depende de que ésta sea masiva.


Por otro lado, está caminando “la responsabilidad de proteger” en el derecho internacional contemporáneo,[10] modificando la jurisprudencia existente sobre la soberanía estatal. Se trata de un cambio conceptual y una doctrina internacional que le impone nuevas obligaciones a los Estados. Esta herramienta jurídica fue puesta en práctica en el año 2011 en Libia (el mea culpa del presidente Obama) por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pero vetado para el caso de Siria por China y Rusia; demostrando que su naturaleza jurídica no es del todo vinculante; y aunque celebro que la seguridad de los seres humanos se anteponga a la seguridad de los Estados, lamentablemente la realpolitik sigue mandando en el mundo y en las relaciones internacionales.


Por último, también soy un tanto escéptico frente a “la teoría de la paz democrática[11]”. Comparto que la política exterior de un país es el reflejo de su política doméstica pero decir que países con un régimen democrático son igualmente pacíficos con países que comparten el mismo régimen y agresivos con los que no (diádico) o que las democracias son igualmente pacíficas con todos los Estados sin importar el régimen; siempre y cuando no representen una amenaza (monádico), es una obviedad que camufla o justifica el fundamentalismo democrático de Occidente (provocación conceptual de Ramonet). ¿Cuántas guerras en nombre de la democracia, “la guerra preventiva” o “la guerra justa”? Creo que en Ignacio Ramonet y Chomsky hay suficiente literatura para al menos abrir los ojos. Y los modelos o la concepción institucional/estructural y el modelo cultural/normativo terminan siendo igual de ciertos como engañosos.


A pesar de ello, sigo creyendo que un conflicto es una posibilidad política, tanto en el disenso como en el consenso, pero debe haber una conciencia de la contradicción entre las partes; los sujetos (siempre sujetados) y entre los actores inmersos en las inevitables relaciones de poder. De tal manera que, la invitación es a trabajar las relaciones humanas, a humanizar al adversario; a separar a la persona del problema; a fraccionar el problema; a distinguir entre las necesidades y las posiciones; a dialogar sin humillar al contrario y a siempre dejarle abierta al oponente una salida con honor o dignificante.


Bibliografía


Comins, Irene (2008). “Antropología filosófica para la paz”, Revista Paz y conflictos, No. 1, pp. 61-80.


Arnson, Cynthia & Zartman, William (2007). Economías de guerra: la intersección de necesidad, credo y codicia”, en Mesa, Manuela & González, Mabel, coordinadoras, Poder y democracia. Los retos del multilateralismo: Anuario CIP 2006, Barcelona: Icaria; Centro de Investigación para la Paz, pp. 121-144.


Almarcha, Francisco (2013). “Identidades y conflicto étnico”, Eikajia, julio, pp. 119-125.


Marco, Jorge (2012). “De genocidios, holocaustos, exterminios...”, Hispania Nova Revista de Historia Contemporánea, No. 10, pp. 1-32.


Kalyvas, Stathis (2009). “El carácter cambiante de las guerras civiles 1800-2009”, en Colombia Internacional 70, julio-diciembre, pp. 193-214.


Wood, Elisabeth (2012). “Variación de la violencia sexual en tiempos de guerra: la violación en la guerra no es inevitable”, Revista Estudios Socio-Jurídicos, 14 (1), pp. 19-57.


Fitzduff, Mari (2008). “Procesos de paz satisfactorios: Lecciones aprendidas”, en I Congreso Internacional por el Derecho Humano a la Paz, pp. 119-134.


López, Mario (2012). “Teoría”, Noviolencia: Teoría, acción política y experiencias, Granada, Editorial Educatori, pp. 7-37.


Díaz, Cástor (2012). “La responsabilidad de proteger en el derecho internacional contemporáneo: Entre lo conceptual y la práctica internacional”, Revista Electrónica de Estudios Internacionales, no. 24, pp. 1-40.


Gobetti, Zeno (2010). “Una revisión de la teoría de la paz democrática”, Recuperado de http://www.icesi.edu.co/revistas/index.php/revista_cs/article/view/425/425, pp. 1-36.


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