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ELEGIR ES EXCLUIR

  • Foto del escritor: Jorge B
    Jorge B
  • 5 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

Jorge Garcés B.

 

 


Es perfectamente posible que un precandidato presidencial que hoy marque menos del 9 por ciento de la intención de voto sea el próximo presidente de Colombia. La pregunta es si Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella ya tocaron techo o no, porque así como el “Tigre” puede perder en segunda vuelta también puede ganar. Otra pregunta que vale la pena hacerse es si el centro será capaz de unirse alrededor de un candidato antes de la primera vuelta.

 

Lo cierto es que la izquierda, el centro y la derecha son tres bloques en disputa y el único que está definido es el que representa Iván el “Terrible”, aunque todavía le falta medirse en la consulta interpartidista de marzo del próximo año. Por eso, el candidato del Pacto Histórico está manejando un perfil bajito, lee los discursos sin apasionamientos, está evitando los debates y se vende como un hombre tranquilo o lo menos amenazante posible.

 

Por el otro lado, Fajardo sigue muy lejos de los dos punteros y por eso debería entender que, para ganarle a Cepeda en segunda vuelta, primero debe pasar a segunda vuelta. Esto significa que debería llegar a algún tipo de acuerdo con el “Tigre”, pero Fajardo se niega rotundamente. Por si fuera poco, Abelardo anunció que no participará en la consulta de la derecha, porque las candidatas del Centro Democrático no superan el 2 por ciento de la intención de voto.

 

No obstante, hay que recordarle a la campaña de Abelardo que la izquierda democrática no es una plaga que haya que estripar, que el centro en la política colombiana existe y que es semejante a la tercera vía o a la renovación de la socialdemocracia europea. Dicho esto, también tengamos en cuenta que el presidente Trump podría intervenir en las elecciones presidenciales de Colombia como actualmente lo está haciendo en Honduras y que una declaración del magnate norteamericano despertaría desde el “jaguar” hasta las más profundas pasiones.

 

Lo cierto es que el 33 por ciento de la masa votante del país está hoy con Cepeda. Esta es la base del petrismo rancio, puro y duro y es el resultado de una consulta que fue amigable, inteligente y cero hostil entre ellos. El resto de los votos están dispersos entre Abelardo y Fajardo. Es decir, entre dos eternidades y entre más o menos 30 precandidatos del centro “relativo”, tratando de estructurar un Frente Amplio que se mida el próximo año con Cepeda.

 

Por lo tanto, estar de primero en la intención de voto tan prematuramente podría ser peligroso para Iván el “Terrible”, porque generalmente el que lidera en un comienzo de la campaña no es el que gana las elecciones. En todo caso, Cepeda con el 33 por ciento del electorado tiene medio pie en la segunda vuelta, al menos de que algo extraordinario ocurra.

 

Cabe agregar que toda la centro derecha junta no suma más del 20 por ciento de la intención de voto y siguen sin depurarse como la coyuntura política de hoy lo exige. Además, la centro derecha debería cambiar de estrategia y en vez de seguir atacando al presidente Petro, debería concentrarse en proponer más soluciones para los problemas del país.

 

El cambio que ofrece la centro derecha tiene que replantearse, porque el Pacto Histórico todavía se vende como una fuerza política alternativa que necesita de una era para profundizar su programa de gobierno. Ahora bien, otros cuatro años del progresismo serían una catástrofe para el país, porque el cambio que introdujo Petro fue un verdadero retroceso.

 

El progresismo utópico de Gustavo Petro acabó con Ecopetrol, desatando una crisis energética innecesaria. Destruyó el sistema de salud. No hizo una sola carretera ni una casa de interés social. Colombia retrocedió por lo menos 20 años en materia de seguridad y el próximo gobierno heredará un déficit fiscal del 8 por ciento del PIB.

 

Sin embargo, la economía colombiana se encuentra relativamente bien, gracias al dinamismo del sector privado. Nuestra tasa de expansión se ubica en un 2, 38 por ciento. En cambio, la de Chile, México, Perú, Brasil y Argentina ronda el 1,9 por ciento. No obstante, la desigualdad en la distribución del ingreso durante el gobierno de Gustavo Petro paradójicamente se mantuvo y Colombia sigue siendo el tercer país más desigual del mundo.

 
 
 

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