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PRIMERO DE MAYO

Actualizado: 5 may


Jorge Garcés B.

 

 

En el discurso del presidente Petro el pasado Primero de Mayo, el jefe de Estado rompió relaciones diplomáticas con Israel, al mejor estilo de los dictadores Maduro y Ortega. Los expertos en Seguridad Nacional advierten que esta decisión dejará al país sin repuestos para los aviones Kfir, sin cañones para los fusiles Galil y sin importantes asesorías en materia de seguridad y defensa. La exfiscal Viviane Morales considera que es un golpe a las Fuerzas Armadas, porque las debilita y que hace parte de una estrategia para desinstitucionalizar al país.

 

Más allá de eso, en el Día Internacional de los Trabajadores el primer mandatario demostró tener un indudable apoyo popular. Las marchas fueron un hecho político incontrovertible y demostraron que un discurso que confronta, descalifica, provoca y divide funciona políticamente. Entre otras cosas, porque Gustavo Petro sabe más sobre cómo hacer política, que de gestión pública. En ese orden de ideas, el exministro Juan Camilo Restrepo expresó que el presidente Petro representa hoy el símbolo de la desunión nacional.

 

Lo cierto es que con marchas y contramarchas no hay manera de construir un acuerdo nacional y “así no vamos a llegar a ningún Pereira”. Todo lo contrario, se están fabricando las condiciones para una guerra campal, que incendie las calles y veredas de Colombia. Pareciera que la obsesión del presidente Petro por escribir la historia del cambio “en letras constituyentes”, se debiera a que lo incomoda la Constitución de 1991, la separación de poderes, la independencia del Banco de la República y últimamente la regla fiscal.

 

Pareciera mentira, pero Gustavo Petro se queja de no tener suficiente poder para hacer el cambio, a pesar de que fue el presidencialismo uno de los principales puntos que llevó a cambiar la Constitución de 1886. Por eso, la queja del presidente Petro es como el de “la pobre viejecita que de pobre no tenía nada”, porque la Constitución de 1991 no pudo resolver tres asuntos fundamentales. El presidencialismo, aunque al primer mandatario no le parezca. El clientelismo político y el diseño o la configuración del aparato de justicia.

 

Cabe agregar, que el exministro Mauricio Cárdenas aseguró ayer en su podcast que, la situación macroeconómica del país también se encuentra en riesgo, porque Petro está “hipotecando a Colombia”; y que si sigue endeudando al país el dólar no se va a quedar quieto y el costo de los alimentos tampoco. Todo esto, sin tener en cuenta la eventual alza en el diésel, que empeoraría el panorama.

 

Lo cierto es que el presidente Petro había quedado recargado después de las exitosas marchas del Primero de Mayo, hasta el reciente escándalo de corrupción de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), que acaba de tumbar a dos consejeros presidenciales y que amenaza con descabezar a varios ministros y a alrededor de 15 congresistas por haber dado y recibido coimas a cambio de aprobar las reformas del Gobierno Nacional.

 

Estamos ante uno de los primeros verdaderos traspiés del petrismo para la campaña presidencial del 2026, pero todavía nos faltan dos años de un gobierno radical y de una oposición a ultranza. El jefe de Estado parece más un candidato en campaña o el líder de una revolución y la oposición anda defendiendo la institucionalidad del país “como gato patas arriba”. El Primero de Mayo, por ejemplo, el presidente Petro amenazó con incendiar a la nación si se atrevían a adelantarle un juicio político por la presunta violación de los topes en la pasada campaña presidencial.

 

Olvida el jefe de Estado que, el juicio político no sería un golpe de Estado, el verdadero golpe sería no acatar el juicio y haber ganado las pasadas elecciones presidenciales mediante una trampa electoral. Cicerón decía que, lo que los griegos llaman paradoja, "lo llamamos nosotros cosas que maravillan". Por lo tanto y en honor a la verdad, también hay que señalar que los expresidentes Santos y Duque estuvieron “salpicados” en el escándalo de Odebrecht sin juicio político alguno, que amenazara su candidatura o jefatura al frente del Estado.

 

Para ir redondeando, la paz es un saber y hay que saber unir para que un “pacto histórico” o un acuerdo nacional se vuelva una realidad. La paz también requiere de una ciudadanía madura y de unos políticos que se deslinden de las armas y la corrupción. Digo lo anterior, porque la izquierda que hoy gobierna a Colombia es de todo menos progresista. No está a la vanguardia, no es de avanzada. Todo lo contrario, continúa atada a una idea de la lucha de clases absolutamente anacrónica y trasnochada.

 

Colombia está caminando para atrás y con cierta distopía si se quiere. Gustavo Petro no está buscando puntos en común, por ejemplo, con el liberalismo. No está tendiendo puentes con la oposición y se rehúsa a trabajar con el mercado y con el sector privado como lo hacen China o Rusia sin titubeos. El jefe de Estado debería estar empeñado en generar riqueza, desarrollo, prosperidad y bienestar para poder redistribuir la riqueza como lo señala Mazzucato, en vez de insistir torpemente en socializar la pobreza.

 

De cualquier forma, creo que el presidente de Colombia no se quiere quedar para siempre en la Casa de Nariño, pero utilizará el presupuesto nacional y todas las rentas que pueda seguir capturando para subsidiar esta vida y la otra, con tal de garantizar la continuidad de sus políticas. Muchos me dicen que no sea ingenuo, que si al primer mandatario no se le adelanta el juicio político por la violación de los topes en la pasada campaña presidencial, no habrá elecciones en el 2026; porque en la izquierda no hay quién reemplace a Gustavo Petro y, que él no le devolvería el solio de Bolívar al Establecimiento.


LANZA LLAMAS:

 

Contraste

 

Traigo niebla en las manos

En silencio la puedes ver

Mira cómo altero las cosas

El hielo se vuelve roca

Y el nácar marfil…

 

 

DOCUMENTO AUDIOVISUAL COMPLEMENTARIO:

 

PRIMERO DE MAYO

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