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LA “PAZ ARMADA”

Jorge Garcés B.



Los indicadores de seguridad están por las nubes y ahora los violentos le exigen al Gobierno Nacional financiarlos para no delinquir. Cómo será de grave la situación, que hasta el presidente Petro está por pensar que los ceses al fuego con las disidencias de Iván Mordisco y la guerrilla del ELN fueron prematuros.


Financiar a un grupo armado ilegal para que no secuestre es incomprensible para cualquier persona civilizada y sensata. Eso se llama chantaje. De tal manera que, Colombia se encamina a vivir “un nuevo ciclo de la guerra”, donde la codicia y no la ideología, pondrá nuevamente a prueba a las instituciones democráticas del país. Y estoy por pensar que sólo un nuevo gobierno en el 2026 podrá corregir el rumbo del actual estado de cosas.


La Cruz Roja, por ejemplo, afirma que Colombia ya no vive un conflicto, sino seis conflictos. El Estado de Colombia contra el ELN. El Estado de Colombia contra las disidencias de Iván Mordisco. El Estado de Colombia contra la Segunda Marquetalia de Iván Márquez. La guerrilla del ELN contra las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Las disidencias de Iván Mordisco contra la Segunda Marquetalia de Iván Márquez. Y las disidencias de Iván Mordisco contra los Comandos de la Frontera.


Ahora bien, una cosa es negociar con algunos frentes del ELN, que persisten desde el monte en tomarse el poder con las armas y que mantienen una ideología anacrónica y trasnochada y otra muy distinta alcahuetear la codicia y la degradación de unos criminales. En todo caso, ya no se está hablando de la “Paz Total”, sino de una posible y eventual paz parcial, porque Colombia está lejos de ser una “potencia mundial de la vida”.


Todo lo contrario, el ELN y los demás grupos armados ilegales se están fortaleciendo de tal manera que parece como si estuviéramos retrocediendo a los años noventa y a los tiempos del Caguán. La presencia territorial de los “señores de la guerra” ha aumentado un 20 % en el último año y ya los vemos inaugurando obras por televisión.


Así que, el Comisionado de Paz debería dar un paso al costado, porque la paz está perdiendo respaldo político. Es decir, está perdiendo legitimidad. Entre otras cosas, porque la paz tampoco se hace en un santiamén como pensaba el presidente Petro. Además, así como las guerras no se ganan con mercenarios, la paz tampoco se alcanza otorgándole estatus de beligerancia a mercenarios.


Pacificar al país y resolver seis conflictos como los que hoy vive Colombia requiere de un esfuerzo colosal; de un trabajo en equipo para manejar tiempos, contratiempos y requiere construir una agenda con rigurosidad y método. Sin dejar de lado a unas Fuerzas Armadas a la ofensiva, respaldadas en todo sentido y con la moral en alto.


Digo lo anterior, porque considero que no hay nada que negociar con el señor Iván Márquez. Él traicionó el acuerdo de paz entre el Estado de Colombia y la guerrilla de las Farc en el 2016 y sería un pésimo precedente para futuros procesos de paz volver a negociar con él. Y tampoco considero que haya nada que negociar con la banda codiciosa y mercenaria del señor Iván Mordisco. A lo sumo volver a radicar ante el Congreso una Ley de sometimiento a la justicia para los hombres de Márquez y Mordisco.


Desde luego que, el presidente de Colombia tiene el deber constitucional de buscar la paz, pero también tiene el deber de exigir que se respeten los ceses al fuego y que no se secuestre a un colombiano más. Dicen que el ELN tiene bajo su poder a alrededor de 38 colombianos que no tienen hijos famosos por jugar fútbol profesional en Inglaterra ni nadie con poder que vele por ellos.


En otras palabras, los ceses al fuego con secuestros extorsivos y paros armados de por medio son insostenibles, fueron prematuros y estuvieron mal pactados. El problema es que el fin de un cese al fuego, por ejemplo, con el ELN, puede significar la muerte del proceso de paz.


Por si fuera poco, el tiempo que se le está acabando a Petro es el tiempo que seguramente necesita el ELN y las disidencias de Iván Mordisco para seguir fortaleciéndose y poder enfrentar la embestida institucional de la derecha cuando recupere el poder en el 2026.


Los sociópatas no distinguen entre el bien y el mal. No tienen espejo y no reconocen la crítica ni mucho menos tienen autocrítica. Su actitud es como la de un “ejército de ocupación” y su proyecto político sigue siendo el de unos señores “sin fin o sin fines”, preparándose para la guerra.


LANZA LLAMAS. No he leído el proyecto de ley que el Gobierno Nacional acaba de presentar ante el Congreso de la República para ajustar el Impuesto Predial Unificado (IPU), pero a primera vista parece ser un insulto a la inteligencia de los colombianos. El Gobierno argumenta que lo que busca es limitar el aumento desbordado del predial o en su defecto, que el incremento sea gradual o progresivo. Lo cierto es que su objetivo es mejorar el recaudo o la financiación de los municipios. No creo que el Congreso firme este cheque en blanco. Estamos ante otra reforma tributaria de Gustavo Petro.

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