ESTRELLAS
- garcesbjorge
- hace 20 horas
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Actualizado: hace 1 hora
Jorge Garcés B.
Según la cosmovisión aimara, pueblo indígena andino asentado en el occidente de Bolivia, sur del Perú y norte de Chile, el pasado está adelante y el futuro está atrás, oculto e invisible. Tal vez por eso podemos viajar al pasado por medio de la memoria, los recuerdos o un telescopio y el futuro nos produce tanto miedo e incertidumbre. Lo cierto es que nos encontramos entre el apocalipsis y la singularidad. Apocalipsis significa revelación y provenir de la singularidad hace que los seres humanos nos sintamos tan singulares.
De modo que, debemos encontrar un punto intermedio entre ambos extremos para seguir estudiando al hombre y continuar explorando el mundo, tal y como venimos haciéndolo hace 14 mil años. Entre tanto, el principal propósito de los viajes espaciales no responde a una motivación para acumular más tierras o riquezas sino para materializar otra visión y un cambio de perspectiva que nos sirva de espejo para mejorar o redefinir nuestra calidad de vida en la Tierra. Se me ocurre que los viajes espaciales podrían ayudarnos a resolver el problema del poder, porque en el espacio exterior todos somos insignificantes y pequeños.
En la teoría del panóptico de Foucault, se explica cómo se emplea una arquitectura moderna para vigilar y castigar a las personas que se encuentran en cárceles, manicomios, “boarding schools”, escuelas o para fomentar la autodisciplina en las personas que simplemente caminan por la calle.
En otras palabras, se vigila invisiblemente y se controla permanentemente el comportamiento de la razón y la sinrazón de los hombres. Sin embargo, en el espacio físico sólo se producen hechos a lo largo, ancho y alto del entorno tridimensional, mientras que en el espacio exterior el vacío es tremendo y el entorno se vuelve sumamente hostil para los seres humanos. Es decir, que el problema del poder por fuera de la atmósfera es un chiste.
Además, vivimos en un planeta finito y sumamente frágil, donde los hechos explican cómo funciona el mundo, pero donde no hay fórmulas mágicas para cambiar el mundo o la vida de los hombres. Por lo tanto, necesitamos continuar derrumbando paradigmas, liberándonos de la mezquindad de nuestras cadenas y de los tiranos.
Lo he dicho varias veces, el genoma humano demostró que el concepto de raza era una completa ficción. Todos somos africanos y entre los negros y los blancos sólo hay vitamina D, algunas horas de sol o un prolongado invierno. Al mismo tiempo, todas las culturas tienen algo que decir, pero muy pocas tienen la voluntad de escuchar a otras culturas. El diálogo entre culturas o entre saberes (interculturalidad) es fundamental para superar los conflictos que genera el etnocentrismo, la xenofobia, el racismo y para propiciar más espacios democráticos en los territorios.
Por último, persona es una máscara que engaña y se autoengaña, pero también es una máscara con la capacidad de enseñar. Así que las personas pueden ser revelaciones u obstáculos, pero no importa, porque ni la vida o el progreso son lineales. Vivir es un viaje que pesa, pero también que transforma y si protegemos a natura, natura nos protegerá y convertirá nuestros vacíos en una cama de sueños.




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