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EDUCAR, PRODUCIR, INNOVAR Y MEZCLARNOS

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    Jorge B
  • hace 3 días
  • 5 Min. de lectura

Jorge Garcés B.

 


Colombia está viviendo como nunca antes en su historia el populismo económico y un gobierno que utiliza los decretos como atajos. Un gobierno que desconoce las cortes, la separación de poderes y que abusa permanentemente del poder presidencial. Lo cierto es que los jefes de campaña de Iván Cepeda se llaman Gustavo Petro y la extrema derecha, porque el uribismo continúa con el mismo discurso del 2010. Mientras tanto, se sigue debilitando la democracia y la resistencia institucional. Por lo tanto, el futuro político de hoy es absolutamente incierto y no hay seguridad física ni jurídica para las actividades económicas o el aparato productivo del país.

 

En otras palabras, se siguen abriendo las heridas de la lucha de clases y de los imaginarios por parte de un gobierno absolutamente caótico que viene de tiempo atrás desestabilizando a la nación. Gustavo Petro rompió el contrato social, porque supo leer el problema. Más allá de una clase media empobrecida y una crisis de valores, había y persiste una profunda desigualdad, una exclusión violenta y unos territorios olvidados.

 

El petrismo no es una ideología que ayude a simplificar las cosas, pero le cabe la estatización en la cabeza y está dispuesto a sacrificar la estabilidad macroeconómica del país con tal de ganar las próximas elecciones. Al mismo tiempo, es innegable que el petrismo ha tenido un discurso efectivo y una narrativa o un relato nacional que ha calado muy hondo.

 

Colombia tenía uno de los movimientos populares más débiles y frágiles de la región, pero Gustavo Petro supo recogerlos, organizarlos y fortalecerlos. Por eso, cualquiera que llegue a la Casa de Nariño tendrá que incluirlos en su programa de gobierno, porque la amenaza de un nuevo estallido social continúa latente.  

 

No obstante, en las elecciones del próximo domingo comienza a jugarse la democracia; la Constitución de 1991; el Estado Social de Derecho; la propiedad privada; la separación de poderes y la economía de mercado, porque el remedio que ofrece el petrismo es tan contraproducente como los remedios que ofrecen en la radio.

 

Digo esto, porque el actual gobierno lleva casi cuatro años atacando a los medios de comunicación; debilitando a las Fuerzas Armadas; descuidando el orden público y desfinanciando los rubros en materia de seguridad; fomentando el odio de clases; casando peleas con los gremios y los alcaldes; polemizando con los entes de control; colapsando el sistema de salud (2.470 personas murieron en el 2025 por la crisis de la salud); quebrando a Ecopetrol (crisis energética); alcanzando el déficit fiscal más alto de los últimos 30 años (crisis fiscal); haciendo politiquería con la política exterior y recogiendo firmas para una constituyente, porque el petrismo es un proyecto político para una era y para permanecer varias décadas en el poder.

 

Mejor dicho, Gustavo Petro no va a dejar de existir el próximo 7 de agosto, porque será el jefe político de Iván Cepeda, Daniel Quintero, Roy Barreras o el jefe de la oposición en caso de perder las elecciones. De cualquier manera, este país no resiste otros cuatro años igual. Hay que estabilizar a Colombia y comenzar a trazar un futuro menos incierto para superar la polarización.

 

Así que no sería una mala idea acercarse a la psiquiatría social de Hernando Gómez Buendía para tratar de entender a un gobierno tan disruptivo como el de Gustavo Petro. Hay que entender cómo piensa el primer mandatario sobre el saber que cuestiona, el poder que corrompe, la riqueza que enceguece y el mundo de la experiencia humana para descifrar cómo derrotarlo en la contienda política.

 

Gustavo Petro es un sofista, un político de la sospecha y su discurso va por un lado, pero la implementación de sus políticas públicas no van por ningún lado. Entre tanto, la izquierda y la derecha andan muy temerosas. La izquierda está tratando de tapar el desastre de su primer gobierno y la derecha quiere volver a tapar con el orden público los problemas estructurales del país.

 

En todo caso, Hernando Gómez Buendía advierte que, a lo largo de estos tres años y medio, Gustavo Petro ha tenido la razón en casi todo lo que dice, pero se ha equivocado en casi todo lo que ha hecho. Es cierto que en Colombia existe un orden conservador, un consenso republicano, unos poderes establecidos (Establecimiento) y que el primer mandatario no hace parte de las mismas familias, castas o huestes políticas que históricamente nos han gobernado. Pero el asunto se torna más complejo, porque Gustavo Petro tampoco representa a la vieja izquierda marxistaleninista de las antiguas guerrillas campesinas que tanto conocemos sino más bien a una izquierda libertaria, citadina y anarquista, que busca la libertad del individuo por medio de la igualdad económica.

 

Esta izquierda libertaria tiene su origen en Italia, en los italianos radicales y anticlericales que están a favor del aborto, la eutanasia y las drogas, pero también en Buenaventura Durruti (1896-1936), un “anarcobolchevique” o anarcosindicalista español con un profundo sentido de clase y que consideraba que en la lucha contra el fascismo y la transformación social no había contradicción.

 

Por otra parte, Hernando Gómez Buendía recalca que, la derecha en Colombia acierta en lo que ve, pero se equivoca en lo que no ve y Gustavo Petro supo colarse dentro de esta miopía nacional. Así que llegó el momento de educar, producir, innovar y de mezclarnos para que Colombia supere la rabia de los nadies y el miedo al pueblo que sienten los privilegiados, porque la izquierda es una realidad política incuestionable.

 

Ahora bien, es verdad que hace cuatro años los nadies no existían, pero el sesgo ideológico y la ortodoxia económica de Gustavo Petro agravaron los problemas del país. El hecho es que el primer mandatario pretende intentar de que, el pueblo que lo eligió a él, resuelva mediante una constituyente todos los problemas de la Constitución de 1991 y esta es su gran apuesta política para cuando entregue el poder.  

 

Lo cierto es que una constituyente sería mucho más peligrosa que la paradigmática reforma agraria, porque hace mucho tiempo la tierra dejó de ser la fuente primaria de riqueza. Gustavo Petro es en ese sentido un revolucionario trasnochado, pero afortunadamente la tecnocracia, la institucionalidad y la oposición en el Congreso no lo dejaron descuadernar al país por completo.

 

Los tecnócratas son una clase media ilustrada, que estudian en universidades como los Andes y se especializan en el exterior. Por lo tanto, no se puede hacer la revolución con una tecnocracia de esas ni dentro del Estado Social de Derecho, porque la institucionalidad no lo permite. En otras palabras, no siempre se puede cambiar el sistema desde adentro, aunque sea imposible cambiarlo desde afuera.

 

Para ir cerrando, creo que el discurso antiestablecimiento de Gustavo Petro caló, porque la democracia y el orden conservador no son la misma cosa. Lo que pasó fue que por primera vez un presidente invirtió el presupuesto nacional en los más pobres y no en las clases medias y esto fue lo que encendió todas las alarmas. Por último, pero no menos importante, Colombia necesita retomar el Plan Nacional de Desarrollo para transformar los territorios alrededor del agua y proteger a todas las expresiones de vida.

 

DOCUMENTOS DE REFERENCIA Y/O CONSULTA:

 

MASTER, MAC, BRUCE. “La agenda de la desestabilización. Colombia en la mira”. Editorial Planeta Colombiana S.A., Bogotá (Colombia): diciembre de 2025.

 

BUENDÍA, GÓMEZ, HERNANDO. “Colombia después de Petro. Lecciones del Gobierno del Cambio”. Editorial Planeta Colombiana S.A., Bogotá (Colombia): enero de 2026.

 
 
 

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