CUBA LIBRE
- Jorge B
- hace 3 días
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Jorge Garcés B.
Cuba regresó al “Periodo Especial”. Es decir, a una crisis económica tan profunda como la vivida después del colapso de la Unión Soviética en 1991 y el embargo estadounidense en 1992. Lo cierto es que la isla comenzó a tambalear después de la pandemia y el primer gobierno de Donald Trump. En consecuencia, los cubanos están sufriendo todo tipo de males, entre ellos un apagón de aproximadamente doce horas diarias.
La razón es que un tercio del petróleo de Cuba provenía de Venezuela y buena parte de sus productos básicos de México, pero el despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe y la amenaza de imponerle nuevos aranceles a la presidenta Sheinbaum acabaron con esa historia. Hoy en día, la isla está recibiendo ayudas del gobierno de Chile, pero el presidente electo, Antonio Kast, manifestó públicamente que le pondrá fin a esta política cuando tome el mando del país el próximo 11 de marzo.
De tal manera, que la asfixia económica es total. Hay desabastecimiento de alimentos, no hay medicinas para combatir el dengue, el chikungunya o el virus oropouche (OROV) y los precios de la comida están por las nubes. Para hacerse una idea, dos docenas de huevos cuestan alrededor de sesenta dólares. De manera que, Cuba está sobreviviendo gracias al Frente Amplio (FA) de Chile y a que sigue siendo una extensión clandestina del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México.
Por lo tanto, podríamos estar ante un posible punto de quiebre, porque el régimen se está quedando sin opciones. El apoyo popular dentro de la isla se ha reducido ostensiblemente tras 67 años de represión, pobreza y dictadura. Además, para los menores de 30 años la Revolución Cubana no significa nada.
Ahora bien, no creo que el presidente Miguel Díaz-Canel quiera terminar linchado como Gadafi o en una cárcel como Nicolás Maduro. Entre otras cosas, porque la actual administración de Washington sabe que liberando a Cuba recupera el Caribe. Por eso, la isla ha sido un objetivo geopolítico desde hace más de seis décadas para todos los gobiernos de Estados Unidos. Sin embargo, la resistencia popular, las fuerzas paraestatales del régimen y el Partido Comunista de Cuba (PCC) siguen teniendo una capacidad de represión importante.
Entre tanto, según cifras de Human Rights Watch, siete de cada diez cubanos sólo comen dos veces al día. El 96 por ciento de la población está sufriendo la escasez de víveres y alimentos. El 70 por ciento de las medicinas presentan desabastecimiento y el 89 por ciento de las personas viven en la pobreza extrema. Al mismo tiempo, la mayoría de las estaciones de gasolina se encuentran cerradas o las colas para tanquear son extensas. El transporte público está prácticamente paralizado y las aerolíneas cancelaron sus vuelos a la isla o deben reabastecerse de combustible en República Dominicana.
Y si bien es cierto que la mayoría de los turistas son canadienses y viajan directamente desde Toronto a Varadero, el turismo proveniente de Europa y América Latina ha disminuido significativamente. Por si fuera poco, el gobierno norteamericano obligó a Western Union a cesar el envío de remesas a la isla y el peso cubano está más devaluado que nunca. El presidente Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, el nuevo Henry Kissinger de la Casa Blanca, están estrangulando a Díaz-Canel para forzar un cambio de régimen e instaurar una democracia de mercado en la isla.
Mientras tanto, el régimen mantiene 726 presos políticos en condiciones infrahumanas y, aunque es cierto que el año pasado liberaron a 553 librepensadores cubanos, la mayoría fueron nuevamente apresados. Ahora bien, Cuba sabe mejor que nadie cómo resistir y negarse a ser libre, pero se rumora que Marco Rubio estaría negociando con Raúl y dos descendientes de los Castro.




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