āEL SECRETO DE LA UNIĆNā
- 10 mar 2024
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Jorge GarcƩs B.
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Uno es un ciudadano todos los dĆas, no sólo cada cuatro aƱos cuando debe salir a votar. Entre otras cosas, porque la democracia es mucho mĆ”s que eso. Creer lo contrario serĆa caer en un simple reduccionismo democrĆ”tico. AdemĆ”s, votar es una especie de ilusión, porque la realidad es una imposición de los poderosos, que se aprovechan de las imperfecciones democrĆ”ticas.
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Dicho esto, en Colombia nos matamos bĆ”sicamente por tres razones: por la polĆtica económica, por los medios de subsistencia o por satisfacer la codicia humana. Entre tanto, la polĆtica del odio nos tiene a casi todos marchando ideológicamente en los Ćŗltimos tiempos. Lo cierto es que en Colombia cada 15 aƱos se apaciguan las cosas, se desmoviliza un grupo armado, pero luego aparece otro ejĆ©rcito irregular, cada vez mĆ”s cruento y degradado.
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Una hipótesis de por quĆ© nos pasa esto es que la paz no se alcanza con el acuerdo entre dos Ć©lites o dos cĆŗpulas, a pesar de contar con el respaldo del 30 % de los ciudadanos que son polĆticamente activos. La paz requiere de una inmensa masa y de la verdadera mayorĆa. Estoy hablando de al menos el 60 % de la población que nunca participa, que nunca es tenida en cuenta por el Estado y que se acostumbró a vivir pasivamente entre la violencia, la corrupción, la pobreza y el olvido.
Esta exclusión histórica y esta barbarie sistĆ©mica es una condena para los que no tienen las armas, el dinero, la tierra, el contrato o la curul y es la fiel muestra de que se puede vivir en el paraĆso y en el infierno al mismo tiempo y a la misma vez; porque estamos ante un orden y un estado de cosas supremamente injusto, que sólo genera odio, en vez de juntar al paĆs y conducirlo hacia un futuro menos cruel para la vida en la āgeografĆa mĆ”s difĆcil del continenteā.
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La vida toda en Colombia es irregular, porque los actores de la guerra son monstruos y las razones del conflicto son absolutamente monstruosas. Tal vez por eso me decĆa un amigo el otro dĆa, que a Colombia habĆa que volverla a hacer, porque somos el resultado de un Estado y un pueblo ausente, donde āunos pocos se benefician de todo y no se hacen responsables de nadaā. Mejor dicho, acĆ” los violentos y los corruptos sustituyeron al Estado y al pueblo hace mucho tiempo.
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Desde entonces, una casta corrupta se adueñó de la polĆtica, convirtiendo a Colombia en un lugar que produce miedo, donde sólo āel triste entiende al tristeā, āel pobre ayuda al pobreā āy por un peso te matanā. De tal manera, que estamos obligados a devolverle el destino verdaderamente democrĆ”tico a los ciudadanos. Por ejemplo, necesitamos mĆ”s instituciones que funcionen como un relojito y menos encuestas que manipulen a la gente con la medición de las cosas que varĆan. Los ciudadanos y los Estados democrĆ”ticos deben serlo todos los dĆas y no cada cuatro aƱos para ānegociar la polĆticaā y ārepartir el presupuestoā nacional.
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Por otro lado, veo muy difĆcil que el presidente Petro pueda crear un nuevo modelo de sociedad, porque mucho de lo que estĆ” ofreciendo son subsidios insostenibles en el tiempo y porque no se puede organizar a una sociedad, cuando uno ni siquiera puede organizar el gobierno que lidera.
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Ahora bien, es cierto que en Colombia desconfiamos los unos de los otros. Es decir, que no hay certezas entre nosotros. Debe ser por eso que polĆticamente sea tan difĆcil lograr acuerdos. No obstante, en āel secreto de la uniónā estĆ” el modelo de paĆs que debemos buscar todos los dĆas; porque somos una nación de ciudades, regiones y culturas malditamente ricas, pero en vez de desarrollar esas riquezas, pareciera que hubiĆ©ramos preferido quedarnos con la maldición de las violencias.
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Algunos dicen que el colombiano vive del cuento y que nos encanta conversar con los amigos āpara que nada cambie tanto como el pasadoā. Debe ser, porque āel secreto de la uniónā estĆ” en nuestra lengua materna. āEl castellano es una lengua planetaria, aquĆ y al otro lado del ocĆ©anoā. AsĆ que, parĆ©mosle bolas al relato, la memoria, el territorio y la raza. UnĆ”monos, por favor.
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DOCUMENTO DE REFERENCIA Y/O CONSULTA:
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OSPINA, WILLIAM. āEn busca de la Colombia perdidaā. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.S. (Primera edición), BogotĆ”, Colombia, abril de 2022.
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LANZA LLAMAS:
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El presidente Petro no supo reconocer el malestar expresado en las numerosas manifestaciones del miĆ©rcoles pasado. El primer mandatario todavĆa no entiende que debe tratar de gobernar para todos los colombianos y que debe propugnar por unir al paĆs, si en realidad quiere avanzar en el propósito de alcanzar la paz. La negación del otro es tan grave como āel silencio de los guerrerosā. OjalĆ” que en aras de defender la democracia no caigamos en las trampas de la guerra. Ā




