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BRASIL DECIDE

garcesbjorge
hace 4 horas
4 min de lectura

Jorge Garcés B.


 

Brasil tiene más de 200 millones de habitantes. Es una de las mayores economías del planeta. Es la potencia sudamericana por excelencia, cuenta con abundantes recursos naturales y con una posición geográfica envidiable. Y aunque históricamente ha sido una nación mayoritariamente católica, en las últimas dos décadas las iglesias evangélicas vienen ganando terreno espiritual, pero también político. Aun así, alrededor del 57 por ciento de la población sigue siendo católica y el 30 por ciento, evangélica.


Existen más o menos quinientas mil iglesias evangélicas en Brasil y aproximadamente seiscientos mil pastores. La bancada evangélica apoya abiertamente a Flávio Bolsonaro, tiene un enorme poder y toda la capacidad de seguir construyendo alianzas con los conservadores en el Senado y la Cámara. Algunos analistas comienzan a decir que Brasil se está volviendo un país teocrático y con cierta legitimidad divina.

 

Dicho esto, es muy probable que Bolsonaro le gane la segunda vuelta presidencial a Luiz Inácio Lula da Silva. De lo contrario, Lula tendría muy poco margen de maniobra o de gobernabilidad, porque Bolsonaro tiene la mayoría en la Cámara, aunque en el Senado solo obtuvo 28 de los 41 escaños que se necesitan para la mayoría absoluta.


Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta presidencial por menos de dos puntos porcentuales, equivalentes a un poco más de dos millones de votos, provenientes mayoritariamente del oeste, centro y sur de Brasil. Por otra parte, en la tierra de las palmeras, la segunda vuelta presidencial normalmente no se decide por las adhesiones de los candidatos derrotados en la primera vuelta, sino por los gremios, iglesias, sindicatos, medios de comunicación y la agroindustria. La industria del campo aporta entre el 25 y el 30 por ciento del PIB de Brasil y el 60 por ciento de los congresistas del país hacen parte del Frente Parlamentario Agrario (FPA), que, dicho sea de paso, apoya a Bolsonaro.


En todo caso, Lula va detrás del voto de las juventudes, porque Bolsonaro prometió reformar la educación y eliminar la “militancia en el aula” y el “marxismo cultural”. Ahora bien, el Partido Liberal (PL), una formación política de derecha o de extrema derecha en Brasil y del que hace parte Bolsonaro, obtuvo 20 de las 27 gobernaciones en la primera vuelta, entre ellas la de Río de Janeiro. Así que Bolsonaro y Lula se disputarán siete gobernaciones en la segunda vuelta presidencial.


Sin embargo, nada de esto ha sido una sorpresa en Brasil, porque hace dos años el PL le ganó al Partido de los Trabajadores (PT), del que hace parte Lula da Silva, la mayoría de las alcaldías del país. El PL puso 517 alcaldes y el PT, 252. Además, los estados donde ganó el PT lo hizo por muy poco. En otras palabras, desde hace dos años viene avanzando la derecha por la presidencia de Brasil. Por otro lado, la abstención sigue siendo aproximadamente del 22 por ciento desde 1998, a pesar de que el voto es obligatorio. Lo que pasa es que la multa por no ejercer el derecho y el deber al voto es de 3,5 reales, es decir, de menos de un dólar.


Lo cierto es que el PT hace mucho tiempo viene perdiendo fuerza y la clase media o la clase C vienen perdiendo poder adquisitivo y capacidad de consumo, aunque los indicadores macroeconómicos digan recientemente lo contrario. Por lo tanto, Lula necesitará un milagro electoral para ganar. Además, Lula cometió un acierto geopolítico al vetar a Venezuela de la Cumbre de los BRICS, pero cometió un tremendo error geopolítico al aliarse con Mark Carney, el primer ministro de Canadá, quien está tejiendo una relación estratégica para que Canadá se convierta en miembro asociado de la Unión Europea (UE). Por si fuera poco, Carney es un globalista, Trump es un proteccionista o un nacionalista económico, y ambos tienen cazada una pelea a muerte.

 

Según Donald Trump Jr., desde que la administración Trump desmanteló a USAID, la izquierda no ha vuelto a ganar ninguna elección presidencial en América Latina. No sé si el sionismo se esté apoderando de Occidente, pero la nueva derecha y la batalla cultural con el Foro de São Paulo deben seguir siendo un cuidadoso caso de estudio, porque es innegable que Latinoamérica se está acercando a Israel. La derecha está con Netanyahu y la izquierda, con la causa palestina. Por ejemplo, Bolsonaro ya anunció que, de ganar las elecciones, trasladaría la embajada de Brasil en Tel Aviv a Jerusalén. Es más, en enero de 2026, Flávio visitó a Israel y se volvió a bautizar en el río Jordán.


De cualquier manera, la Casa Bolsonaro está marcada por un fuerte nepotismo. Jair, padre de Flávio, fue presidente de Brasil y se encuentra en prisión cumpliendo una condena de 27 años por supuestamente intentar un golpe de Estado. Su madrastra, Michelle, y su hermano Carlos son senadores, mientras que sus otros dos hermanos, Jair Renán y Renato, son diputados.


Lo cierto es que, desde hace tiempo, se viene hablando de la balcanización de Brasil y de la paradoja de que haya podido conservar su unidad territorial como Estado nación, porque, en su momento, los brasileños no se separaron completamente de Portugal y crearon astutamente el Reino de Brasil como país asociado y en pie de igualdad con el Reino Unido de Portugal y el Reino del Algarve (sur de Portugal) en 1815. De esta manera, Brasil pudo cohesionar los 26 estados y el Distrito Federal de su capital, Brasilia.

 
 
 

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