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CAOS

Actualizado: 3 jun

Jorge Garcés B.

 

 

En las democracias liberales o representativas existen los pesos y contrapesos para que los presidentes no se comporten como un rey. Claro, que de vez en cuando se cuela uno que otro caudillo de derechas o de izquierdas, que abusan de los mecanismos de participación y, que le coquetean a los estados de excepción, porque se consideran a sí mismos como gobiernos de excepción.

 

De todas maneras, es extraño encontrar buenos gobiernos en las democracias de hoy y hallar democracias que funcionen más o menos bien es incluso una anomalía mayor. Por otro lado, votar siempre ha sido como firmar un cheque en blanco. El voto programático sigue siendo un asunto que se trabaja más en la academia, que los ciudadanos en la realidad y el concepto de ciudadanía continúa tan extraviado como las élites.

 

Me refiero a unas élites ilustradas que puedan ayudar a liderar proyectos de ciudad o de país. Por ejemplo, donde se valore el arte, la inteligencia, la cultura y las ideas. Donde la solidaridad sea el eje principal de la polis. Donde los ciudadanos se apropien del espacio público y donde mediante consensos se construyan los referentes y se levanten los símbolos que identifican las gestas de unos y las derrotas de otros.


El día que Planeación Municipal sea tan importante como el Centro Administrativo Municipal (CAM) y que el ministerio de Cultura sea tan importante como el ministerio de Hacienda, empezaremos a cambiar las paradigmáticas definiciones de calidad de vida, bienestar, progreso y desarrollo.

 

Cabe anotar, que en Colombia el Minuto de Dios termina cuando comienza el noticiero de las siete; cuando los que evaden impuestos se quejan de la corrupción; cuando naturalizamos y justificamos los diferentes tipos de violencias o cuando creamos y destruimos a los dioses con quienes alguna vez tejimos relaciones no recíprocas.

 

Ahora bien, es evidente que Colombia no ha superado buena parte de los problemas del siglo XX. Por ejemplo, la violencia política no cesa y un nuevo ciclo de la guerra pareciera estar desarrollándose en la nación. Mientras tanto, “decir que el acuerdo de paz con las Farc requiere de una constituyente es como pretender sacarle pelos a una calavera” (Humberto De La Calle Lombana).


No obstante, y según el exprocurador Carlos Gustavo Arrieta, llegar a desconocer al Congreso y a la Corte Constitucional para llevar a cabo una constituyente sería dar un golpe de estado constitucional. Esto ocurre cuando un poder, en este caso el ejecutivo, desconoce los poderes de las otras dos ramas para avanzar en su agenda por fuera del marco constitucional.

 

Sin embargo, creo que detrás de la ambigüedad discursiva de la constituyente hay una estrategia para desviar la atención del país; y para que el gobierno pueda sobrevivir políticamente a la debacle moral de sus funcionarios, a la incompetencia de su equipo de trabajo y al caos en el que tienen sumergido al país.

 

Al mismo tiempo, el primer acuerdo de participación con el ELN, más que un logro pareciera ser un golpe de opinión para darle legitimidad a un proceso de paz que no tiene pies ni cabeza. El Comando Central del ELN (COCE) no tiene control de todos sus frentes y no han cumplido con ningún cese al fuego hasta ahora pactado. El secuestro, la extorsión, el reclutamiento de menores, el confinamiento de comunidades enteras se mantiene y el gobierno del presidente Petro sigue sin trazar líneas rojas.


Entre otras cosas, es una lástima que por vanidad el ELN esté desaprovechando la oportunidad de hacer la paz con el primer gobierno de izquierdas y que no haya aprovechado el acuerdo de paz con las Farc, como base para sumarle o restarle los capítulos que entre las dos partes acordaran.  

 

Simultáneamente, pretender reformar a la Justicia Especial para la Paz (JEP) para crear un órgano de cierre o una ley de punto final; mover la regla fiscal o no pagar la deuda externa y desbaratar el sistema de salud es una suma de hechos que pueden terminar desbordando al país. Es tan grave la situación, que por primera vez los expresidentes Samper, Pastrana, Uribe y Santos coinciden. Estamos retrocediendo 20 años en materia de seguridad y 40 años en materia de salud. La seguridad se puede recuperar, pero reconstruir el sistema de salud tomará décadas.

 

El desmonte progresivo de la EPS Sura tiene sumidos en la incertidumbre absoluta a más de la mitad de Antioquia. En total somos más de 5 millones de usuarios, que en menos de seis meses vamos a ser testigos de cómo colapsa el sistema, porque no habrá quién lo organice ni quién controle el gasto.

 

Ojalá que, haber estatizado a la salud por medio de decretos y resoluciones, no sea la antesala de lo que puede ocurrir con otros sectores. Además, eliminar las EPS no solucionará el problema de la financiación de la salud. Todos los sistemas de salud en el mundo tienen el problema de que los gastos aumentan año tras año sin importarle el estado de la economía o su ruptura con la filosofía moral.

 

Por si fuera poco, el exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, advirtió ayer que el recaudo nacional se fue al suelo, que la economía del país está estancada y que la situación fiscal del 2025 no es para nada promisoria. El problema que plantea Cárdenas es que cómo el ministro de Hacienda Ricardo Bonilla le va a pedir a un presidente en campaña que frene el gasto; pero que, de no hacerlo, el déficit fiscal se dispararía, obligando al gobierno a buscar más financiamiento, afectando la calificación del riesgo y, que todo esto conllevaría inevitablemente a un aumento del dólar.

 

Por otro lado, el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo agrega que, la inversión privada lleva cinco trimestres con resultados negativos; pero que llevamos tres trimestres especialmente malos, porque el desempleo está creciendo y la industria, el comercio, el sector de los servicios y el de los hidrocarburos vienen arrastrando el ala por el mismo sendero negativo.

 

Por último, me uno a la invitación de que tratemos de juzgar al presidente Petro por lo que hace y no por lo que dice, no dice o insinúa. También estoy de acuerdo con que los gremios y el sector privado se unan para trabajar en llave con los alcaldes de las principales ciudades. De igual manera, hay algo que quisiera subrayar en esta reflexión. En Colombia no podemos permitir que pase lo de Venezuela. El 7 de agosto de 2026, comienza la reconstrucción del país y entre tanto cualquier decreto que declare un estado de excepción será “la delgada línea roja” que no podemos permitir cruzar.

 

LANZA LLAMAS:

 

Era hielo seco

Un tatuaje en la piel

Entre estrellas moribundas

Y nubes enanas

Estoy volviendo a nacer

 

 

DOCUMENTO AUDIOVISUAL COMPLEMENTARIO:


CAOS

 

 

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