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PERSPECTIVA

  • Foto del escritor: Jorge B
    Jorge B
  • 25 mar
  • 2 Min. de lectura

 

Jorge Garcés B.

 

 

Paloma Valencia viene desplazando a Abelardo de la Espriella en las encuestas, porque acertó escogiendo a Juan Daniel Oviedo como su fórmula vicepresidencial, aunque me preocupan las diferencias de fondo que hay entre los dos, porque ambos tienen proyectos de país muy diferentes. Sin embargo, en una eventual segunda vuelta entre Paloma Valencia e Iván Cepeda habría un empate técnico. Esto significa que el próximo presidente de Colombia estaría en manos del 10 o 15 por ciento de indecisos y de quienes todavía no saben por quién votar.

 

Mientras tanto, Paloma Valencia deberá seguir haciendo equilibrismo o un inmenso esfuerzo por seguir cautivando a los votos del centro, pero sin espantar a los votos de la derecha. Al mismo tiempo, una eventual adhesión de Abelardo de la Espriella a las huestes de Paloma Valencia también podría ahuyentar a los votos que provienen del centro y especialmente de la capital del país. Por lo tanto, la derecha tiene que manejar ambas situaciones con pinzas.

 

Lo cierto es que Paloma Valencia viene impulsada por una exitosa consulta e Iván Cepeda está necesitando con urgencia superar el 35 o 40 por ciento de la intensión de voto para tener chance de ser presidente en segunda vuelta; y esto sólo lo conseguiría arañándole votos a Claudia López, Luís Gilberto Murillo, Roy Barreras y Mauricio Lizcano, porque su fórmula vicepresidencial únicamente es fuerte entre los 300 mil indígenas del Cauca.

 

Ahora bien, la mayoría de los candidatos anteriormente mencionados buscarán hacer alianzas por encima o por debajo de la mesa antes de la primera vuelta, porque están marcando tan bajito en las encuestas que de pronto no les alcanza para la reposición de votos y para cubrir los gastos de campaña. En todo caso, esta sería la única manera para que Iván Cepeda pudiera sumar entre el 48 y el 49 por ciento de los votos en segunda vuelta.

 

De cualquier manera, Roy Barreras trató de dividir a la izquierda y no pudo. Sergio Fajardo se postuló por tercera vez como un llanero solitario y sus votos ya se repartieron e Iván Cepeda se pegó un tiro en el pie al escoger a Aida Quilcué como su vicepresidenta. La fórmula más audaz fue la de Abelardo de la Espriella, pero el Tigre se descolgó en las encuestas y pareciera que tocó techo.

 

Por último, no creo que esta vez vayan a votar masivamente las personas que viven en los lugares más recónditos del Pacífico colombiano y el golpe que recibieron los partidos tradicionales en las pasadas elecciones legislativas no fue de poca monta o un asunto menor. Los partidos Liberal y Conservador perdieron alrededor de dos millones de votos y los veo más cerca del pragmatismo de Paloma Valencia que de la revolución ética de Iván Cepeda.

 
 
 

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