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MIGRACIÓN COLOMBIA

  • Foto del escritor: Jorge B
    Jorge B
  • hace 6 días
  • 5 Min. de lectura

Jorge Garcés B.

 


Migrar es cambiar de residencia o desplazarse de un lugar de origen a otro. Históricamente las migraciones masivas han sido fuente de enormes beneficios para las personas que migran, para quienes las acogen y para los países receptores. Lo cierto es que en Colombia no ha habido grandes migraciones como en los demás países de la región, porque como lo señalan algunos expertos uno sabe dónde es bienvenido y dónde no.

 

Sin embargo, las grandes migraciones casi siempre han coincidido con etapas de expansión económica y altos índices de productividad. Estados Unidos (EUA), por ejemplo, es un caso emblemático, porque entre 1870 y 1914 (la primera gran ola) millones de europeos llegaron a urbanizar, electrificar, industrializar y a conectar el país mediante la construcción de los ferrocarriles.

 

Posteriormente, inmigrantes y descendientes de inmigrantes fundaron o lideraron empresas como Google, Intel, eBay, Yahoo y representan hoy entre el 25 y el 40 por ciento de las empresas de más alto impacto y cuentan con las patentes universitarias más importantes de las ocho mejores instituciones educativas del noreste de EUA (Ivy League). Entonces, en un principio los inmigrantes representaron mano de obra, pero luego comenzaron a hacer trabajos más especializados, complejos y ahora mandan la parada.


El punto es que la mayoría de los análisis económicos concluyen que los inmigrantes elevan el ingreso per cápita, ayudan a aumentar la productividad de los países y expanden las economías. Otro caso exitoso y muy estudiado es el de Argentina entre 1860 y 1930, cuando los gauchos vivieron la etapa de la Gran Inmigración. Es decir, cuando el país pasó de tener 1.8 millones de habitantes en 1869 a 8 millones en 1914.

 

Esta expansión demográfica fue vital para explotar la Pampa argentina y su inmensa llanura fértil, transformando un país ganadero-exportador en una potencia agroexportadora de trigo y carne. Además, los inmigrantes, principalmente italianos y españoles, fortalecieron la clase media de Buenos Aires y Argentina se volvió una ciudad europea en todo sentido. En otras palabras, rica, educada y llena de oportunidades para prosperar en un ambiente arquitectónico y urbanístico muy especial.

 

Por otro lado, en Alemania entre 1950 y 1970 los turcos, yugoslavos e italianos hicieron con su mano de obra el milagro económico después de la Segunda Guerra Mundial. Austria y Canadá aprovecharon las migraciones para modernizar sus economías y Chile entre el 2009 y el 2017, dinamizó diversos sectores de su economía, gracias a que peruanos, colombianos y haitianos aportaron el 11.5 por ciento del crecimiento económico del país.

 

Entonces, grandes migraciones aumentan la fuerza laboral. Incrementan la productividad de los países receptores. Estimulan el emprendimiento y la innovación. Ayudan a sostener programas sociales de primer orden o de vital importancia y todo indica que la segunda generación de inmigrantes comienza a tributar más que los servicios que consume. Ahora bien, la inmigración puede ser beneficiosa, problemática o ambas cosas a la vez, porque depende de la manera como las autoridades de un país la gestionan, pero también depende del contexto económico e histórico en el que se da.

 

En todo caso, mi invitación es nuevamente a abrazar a los inmigrantes y a perder el miedo de mezclarnos. Mezclarse es inicialmente una propuesta del escritor Mario Mendoza para explicar y superar la violencia en Colombia. Así que hay que atraer a unos, recibir a otros y aprovechar sus talentos y destrezas, porque todos representan futuros motores de desarrollo. Científicos como Albert Einstein llegaron a EUA huyendo del nazismo (1930s-1940s). Sergey Brin, estadounidense de origen ruso creó Google. El sudafricano Elon Musk es el propietario de Tesla y SpaceX y así hay miles de casos más.

 

Y Cali ha sido históricamente una ciudad de tránsito, pero hoy más que nunca es una ciudad receptora de quienes están huyendo de la violencia y la pobreza extrema del suroccidente colombiano (Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Putumayo) y de la región sur del Pacífico. No obstante, lo que hoy es una crisis humanitaria de enormes proporciones, mañana podría transformarse en una poderosa ventaja comparativa de Cali como ciudad-región de Colombia.


Entre otras cosas, porque la inmigración compensa el envejecimiento de nosotros los nativos, sirve como relevo para la fuerza laboral y sus aportes enriquecen las relaciones humanas de la polis. Ahora bien, Cali no puede priorizar calidad, destrezas y talento sobre una crisis humanitaria como la actual, pero puede irlo haciendo gradualmente mientras desarrolla incentivos para suplir las vacantes de los cerebros fugados.

 

En otras palabras, Cali todavía no atrae como quisiéramos a quienes podrían contribuir profusamente en su desarrollo, pero puede convertirse en la tejedora geoestratégica del Pacífico y formar jóvenes en logística, comercio azul, conexión sur-sur, turismo ecológico, pero de alto standing y en cadenas de valor marítimas, portuarias y agroindustriales.

 

Menciono lo anterior, porque el potencial humano de la región Pacífico es incalculable y en buena medida está siendo subutilizado debido a brechas históricas, sociales y de todo tipo. Me refiero a un 80 por ciento de afrodescendientes y un 12 por ciento de indígenas que todos los días se desplazan por montones hacia Cali y que son explotados económicamente o manipulados políticamente para colonizarlos por segunda y tercera vez.

 

Por lo tanto, Cali debe seguir ayudando en todo lo que esté humana y presupuestalmente a su alcance para que la región Pacífico supere las trampas de la pobreza espacial, la violencia y la barbarie. En ese sentido hay muchos proyectos en marcha como el CONPES Pacífico e iniciativas como “Jóvenes en Ciencia para la Paz” de MinCiencias (Ministerio de Ciencia, Tecnología, e Innovación) y muchos otros programas que generosamente ofrece el municipio y el sector privado o que son de naturaleza mixta.

 

Pero no nos digamos mentiras, Cali es importante gracias a Buenaventura. Por eso, es tan urgente hacer el dragado y la profundización del Puerto de Buenaventura; terminar la vía Buga-Buenaventura; destrabar la vía Mulaló-Loboguerrero; impulsar el Tren de Cercanías; volver una realidad el ambicioso proyecto del Ferrocarril del Pacífico y licitar para una nueva concesión (APP) que modernice el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, porque la primera impresión que se lleva un inversionista es el aeropuerto.

 

Al mismo tiempo, Cali es la quinta ciudad con más venezolanos de Colombia (hay alrededor de 130 mil en la ciudad y 200 mil en el departamento) y también es receptora de inmigrantes peruanos y haitianos, aunque en menor medida. A pesar de ello, según el Banco Mundial (BM), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco de la República y diversas instituciones académicas del país, la inmigración venezolana genera un impacto positivo en la economía nacional.


Dicho de otro modo, Colombia se ha beneficiado de esta dinámica demográfica y económica, aunque por supuesto que también le ha generado problemas de seguridad, informalidad y ha sufrido afugias económicas por tener que prestarles salud, educación y vivienda a 2.8 millones de venezolanos en las distintas ciudades receptoras del país. Pese a ello, la inmigración es una oportunidad para que Cali dinamice su economía, aumente la productividad y nos sigamos mezclando, porque el beneficio neto supera los costos a mediano plazo.

 

Por lo tanto, Cali debe continuar haciendo esfuerzos en materia de Inteligencia Artificial (IA), bilingüismo, alfabetización digital, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, aunque Elon Musk nos diga que no perdamos el tiempo, el dinero y las energías. El problema es que los caleños no podemos sentarnos a esperar a que la IA o la renta universal haga la tarea por nosotros.

 

Es decir, que cierre las brechas sociales; que impulse nuevas compañías; nuevos empleos; nuevas carreras universitarias e innove por nosotros para superar una informalidad que ronda entre el 47 y el 55 por ciento y para sacar a más de medio millón de personas de la pobreza extrema. Así que tenemos que seguir pensando en grande, ser positivos, propositivos y solidarios para salvar la democracia y duplicar el PIB exportador de la ciudad en los próximos 12 años.

 
 
 

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