COCAĆNA
- Jorge B
- 25 oct 2025
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Jorge GarcƩs B.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) incluyó en la lista Clinton al presidente Gustavo Petro, a su esposa, a su hijo, NicolÔs y al ministro Benedetti. Esta sanción financiera significa que no podrÔn tener una cuenta bancaria, una actividad económica formal ni solicitar visas o créditos durante un proceso complejo que puede tomar años, bloquear activos, embargar cuentas y multar a todo aquel que realice transacciones comerciales con ellos.
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Algunas razones son las siguientes: āla polĆtica de la Paz Total ha beneficiado y contribuido a la proliferación del narcotrĆ”fico. Los cultivos de hoja de coca aumentaron significativamente.Ā El actual gobierno de Colombia estĆ” incumpliendo con su deber de controlar el flagelo de las drogas y el presidente Petro es un aliado de la narcodictadura de Venezuelaā.
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Afortunadamente y por ahora, la diplomacia paralela ha evitado que Estados Unidos (EE.UU.) le imponga nuevos aranceles a las exportaciones colombianas. De tal manera, que Gustavo Petro ha quedado en el mismo nivel que NicolĆ”s Maduro, como un mandatario incapaz, ālĆder del narcotrĆ”ficoā y que se opone a la generación de riqueza o de valor. Lo Ćŗnico positivo de todo esto es que el ELN fue catalogado como el nuevo Al Qaeda del hemisferio sur.
Ahora bien, la suspensión de la ayuda militar que EE.UU., le presta a Colombia representa una suma aproximada de 700 millones de dólares al aƱo y en buena medida el paĆs la puede subsanar, aunque evidentemente afectarĆ” la lucha contra el ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo. Lo cierto es que el problema del narcotrĆ”fico en AmĆ©rica Latina es sumamente complejo. Por un lado, existe un problema social y por el otro lado, una crisis de valores, porque en los paĆses productores el sistema polĆtico y económico estĆ” roto y, porque en Europa, Ćfrica y en las capitales del Cono Sur estĆ” aumentando el consumo.
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En consecuencia, por la costa PacĆfica entre Ecuador, Colombia y PanamĆ” se estima que estĆ” saliendo el 87 por ciento de la cocaĆna que se produce en el mundo. Entre otras cosas, porque una dictadura criminal como la de Maduro tiene mil maneras de enriquecerse sin necesariamente tener que narcotraficar, aunque tambiĆ©n lo hacen, pero en menor medida que los grupos narcoterroristas colombianos. AdemĆ”s, las embarcaciones que salen cargadas de cocaĆna por el Caribe, algunas vienen de Venezuela, pero otras zarpan desde el Golfo de UrabĆ”.
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En todo caso, la nueva ruta para narcotraficar es la siguiente: de la costa PacĆfica ecuatoriana se baja al rĆo Putumayo para luego atravesar el Amazonas y desembocar en el ocĆ©ano AtlĆ”ntico. Esta nueva ruta no tiene como destino a EE.UU., sino al Viejo Continente.
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Por consiguiente, la cocaĆna que se cultiva y produce en Norte de Santander es la que actualmente se encuentra mĆ”s represada, aunque sigue saliendo por la Guajira. Aun asĆ, es mucho menor el porcentaje si se le compara con la que sale por la costa PacĆfica hacia MĆ©xico o la que zarpa desde el Amazonas hacia Marruecos y CĆ”diz, EspaƱa. No obstante, la inmensa mayorĆa de la cocaĆna sigue saliendo en contenedores por los principales puertos del paĆs y por el aeropuerto El Dorado. Entre tanto, la guerra contra el narcotrĆ”fico sólo ha conducido al aumento de los precios de la cocaĆna y a un incremento en los Ćndices de violencia, disparando las tasas de homicidio en los paĆses productores.
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Dicho esto, el presidente Petro llevaba desde enero del presente aƱo buscĆ”ndole camorra al presidente Trump y lo consiguió. Sin embargo, cayó en un error de cĆ”lculo, porque la orden de la Casa Blanca es la de fabricar un caso y judicializar al mandatario colombiano. Mientras tanto, la pelea entre el mayor productor de cocaĆna y el mayor consumidor del mundo debe tener feliz a los narcotraficantes, porque se afecta la cooperación militar y de inteligencia entre las agencias de los dos paĆses.
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De hecho, los insultos entre Trump y Petro no tienen precedentes, pero son un campanazo de alerta para que Colombia comience a trabajar en una mayor autonomĆa en seguridad y defensa, aunque esto no se logre de la noche a la maƱana. Al mismo tiempo, el gobierno del presidente Petro deberĆa seguir la lĆnea de la administración Santos e insistir en la necesidad de un cambio de paradigma que enfrente el problema de las drogas ilĆcitas como un asunto de salud pĆŗblica.
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El problema es que el presidente Trump considera que la Seguridad Nacional de su paĆs se encuentra amenazada por los carteles de la droga y el presidente Petro estĆ” basando toda su defensa en un derecho internacional que no aplica para EE.UU., en una soberanĆa en declive y en una supuesta autodeterminación de los pueblos que tiene mĆ”s de marxismo que de pueblo; desconociendo la actual debilidad e inoperancia del orden multilateral en el mundo entero.
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AdemĆ”s, Gustavo Petro parece no estar pensando en los intereses de los colombianos al pelear como un kamikaze con nuestro primer socio comercial y desaprovechando la oportunidad de construir una agenda comĆŗn o de trazar una polĆtica exterior verdaderamente inteligente y sensata. Es decir, estamos ante una crisis buscada y el Gobierno Nacional sigue sin desligarse de la dictadura de Venezuela. Por si fuera poco, Trump desconoce de manera injusta el histórico sacrificio de Colombia en la guerra contra las drogas y Petro parece necesitar una dosis de realidad, porque sigue sin medir las consecuencias de lo que dice como jefe de Estado.
Entre otras cosas, Petro puede disentir con Trump todo lo que quiera, pero con respeto. Los presidentes Lula, Boric y Sheinbaum lo estĆ”n haciendo sin tener que acudir a la trasnochada narrativa de la izquierda latinoamericana contra el āimperialismo yanquiā. SimultĆ”neamente, Trump piensa que para āMake America Great Againā (MAGA) hay que retomar la polĆtica exterior de 1960, pero sin la Alianza para el Progreso. Es decir, recuperar a la brava el sur del Caribe, pero sin ayudar económica o socialmente a los paĆses de la región.
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La verdad es que ambos jefes de Estado estĆ”n respondiendo a una lógica electoral. Trump con el nacionalismo, Petro con el sectarismo y los dos se la pasan calumniĆ”ndose. Lo ideal hubiera sido aprovechar esta oportunidad para reestructurar las relaciones de los dos paĆses, pero la canciller de Colombia es abiertamente afĆn a NicolĆ”s Maduro, no tiene experiencia en estas lides, renunció a la visa norteamericana y no sabe una gota de inglĆ©s. Por el otro lado, Trump retiró al embajador Palmieri hace diez meses y desde entonces sólo hay un Encargado de Negocios.
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Sin embargo, no es fĆ”cil que Colombia pueda ser algĆŗn dĆa una nación completamente soberana e independiente sin que esto moleste o afecte las relaciones con el imperio norteamericano. No olvidemos que Trump estĆ” amenazando económica y militarmente a todos los paĆses del mundo que no se comporten como esclavos. Igualmente, ya van alrededor de 43 muertos y 10 embarcaciones hundidas desde que EE.UU., comenzó a bombardear lanchas cargadas de cocaĆna en el sur del Caribe y en la costa suroccidental del PacĆfico; porque para Trump los paĆses de AmĆ©rica Latina son āshitholesā y EE.UU., estĆ” marcando territorio para espantar las inversiones chinas y la influencia rusa de su patio trasero. Ā
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Pero para Human Rights Watch este tipo de ataques en realidad son ejecuciones extrajudiciales, porque el Congreso de EE.UU., no ha declarado que estĆ” en guerra ni a autorizado el uso de la fuerza letal para estos casos, aunque los pescadores del sur no tengan semisumergibles ni embarcaciones de fibra de vidrio con dos y hasta seis motores fuera de borda. De suerte que, EE.UU., no estĆ” exenta del derecho internacional, pero desafĆa el orden multilateral, porque tiene la fuerza para hacerlo. Y Trump se estĆ” preparando para intervenir militarmente en Venezuela, mientras le siguen construyendo un caso para judicializar a Gustavo Petro en EE.UU.
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