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ENTRE LAS FORMAS DE LA DEMOCRACIA Y LOS FINES SOCIALES NO HAY CONTRADICCIÓN ALGUNA

Actualizado: 20 abr

Jorge Garcés B.

 

Unos consideran que no se debe subestimar al presidente Petro y otros confían ciegamente en que él no se podrá saltar a las instituciones democráticamente constituidas para hacer una constituyente al mejor estilo de Nicolás Maduro. Ahora bien, cuando el primer mandatario anuncia que la constituyente se encuentra en marcha y que no le prestemos atención a las formas, sino al contenido, está insinuando que el fin justifica los medios.

 

Gustavo Petro sabe que le genera miedo a las élites y el miedo en la política es tan efectivo como la esperanza para gobernar, pero él necesita fabricar un “nudo gordiano”. Él necesita generar el caos y abrir varios frentes de batalla para que sólo una constituyente pueda “resolverlo” todo de un sólo tajo.

 

En su gira por el país, porque anda en campaña, no se cansa de decir que él llegará hasta donde “el pueblo” se lo pida, desconociendo que no siempre lo más popular es lo más conveniente. Esa es la diferencia entre los caudillos y los estadistas. Mientras tanto, “la paz total” sigue saboteando a la política de seguridad y generando un estado de cosas inconstitucional en los territorios donde gobiernan los criminales y donde las economías ilegales son el único medio de subsistencia.


Por otro lado, “el pueblo de Petro” desconoce completamente al concepto contemporáneo de ciudadanías. ¿Acaso quienes no votamos por él no somos pueblo o no somos ciudadanos en pleno ejercicio de nuestros derechos, deberes y autonomía?


Otra preocupación que me asalta, pero que no es nueva y que era previsible es que se está malgastando el presupuesto nacional para allanar la continuidad del “petrismo” en las elecciones presidenciales del 2026 y para defenderse de un eventual golpe de Estado. Lo que nadie se esperaba es que el presidente fuera a decretar al 19 de abril como día cívico, pero no para ahorrar agua y energía, sino para celebrar su cumpleaños y el aniversario del M-19.

 

Esto no es serio. Es una medida populista para contrarrestar las marchas de mañana. Hubiera sido preferible que decretara al 19 de abril como día de luto nacional por ser el líder de una cultura que no sabe cuidar el agua y que es “incapaz de pensar en el futuro”, como lo advierte la experta en sostenibilidad, medio ambiente y rectora de la Universidad EAN, la doctora Brigitte Baptiste.

 

La paradoja es que, si no fuera por las térmicas, Colombia estaría a oscuras como Ecuador. Hoy, muchos recuerdan a la exministra Irene Vélez, cuando dijo hasta el cansancio que no había ninguna posibilidad de que el país entrara en una recesión de agua o energía. Por eso me pregunto, ¿quién debe responder políticamente por la crisis energética que está viviendo el país?

 

Pero volviendo al tema de las marchas de mañana. Estoy de acuerdo con Gardeazábal, un paro nacional sería más efectivo que marchar. Así tumbaron a Rojas Pinilla, pero es que la mayoría de los que vamos a marchar mañana no queremos tumbar al primer mandatario. Además, marchar es mejor que no marchar, porque denota que hay una ciudadanía democrática, activa y que no se siente representada en “el pueblo de Gustavo Petro”.

 

Por ejemplo, en la más reciente encuesta de Invamer, más del 60 % de los encuestados no apoyan el cuento de la “paz total” y la inseguridad volvió a ser el principal problema de los colombianos. Las reformas y la intervención de las EPS tampoco cuentan con el beneplácito de buena parte de la opinión pública; que incluso considera al actual sistema de salud como “bueno”, a pesar de que sin duda podría y debe mejorar.

 

Es más, los ricos de Colombia no superan el 2.5 % de la población y entre los ricos y la clase media no suman más del 30 % de los connacionales. Al presidente Petro lo apoya el 30 % de los ciudadanos. Es decir, que la mitad de los pobres de Colombia no lo apoyan y más del 60 % de los colombianos rechazan su gestión.

 

Sin embargo, Gustavo Petro debería saber, porque hizo parte de la oposición durante casi toda su vida, que la democracia, más que el gobierno de las mayorías es el respeto por los derechos de las minorías. En otras palabras, el presidente Petro debería gobernar para todos y tratar de unir al país en vez de fragmentarlo. Entre otras cosas, porque en el poder popular cabemos todos los colombianos sin distingo alguno.

 

Lo cierto es que los colombianos no vamos a permitir que la democracia se disuelva, porque en las democracias las formas sí importan y no tienen por qué ser un obstáculo para alcanzar los fines sociales. Dicho de otro modo, entre las formas de la democracia y los fines sociales no hay contradicción alguna. Lo que pasa es que los seres humanos somos emocionales y por eso existen las normas, los procedimientos y por eso existe “la política de las emociones” también.

 

Dicen que para los problemas de la democracia más democracia. Es decir, que hay que hacer un mayor esfuerzo para que “la voluntad del individuo y la voluntad general coincidan”. Rousseau pensaba que “la democracia es un asunto de ángeles”, porque es un ideal, una utopía que nos ayuda a vivir en sociedad, “donde el rico no pueda comprar al pobre” y donde el “hombre con dinero no pueda comprar al hombre con poder” (Foucault). Detrás de todo está la idea de cambiar “el miedo al pueblo” por la República y que la codicia o la ambición desmedida no acabe con el sentido social de las cosas.

 

LANZA LLAMAS:

 

Creo que al presidente Petro lo desvela más la investigación del Consejo Nacional Electoral (CNE) que las marchas de mañana; porque de comprobarse la posible violación de los topes de su campaña o peor aún, de haber recibo aportes de dudosa procedencia y prohibidos por la ley y, que por obvias razones no fueron reportados, "apague y vámonos".

 

DOCUMENTO AUDIOVISUAL COMPLEMENTARIO:

 

ENTRE LAS FORMAS DE LA DEMOCRACIA Y LOS FINES SOCIALES NO HAY CONTRADICCIÓN ALGUNA.


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