top of page
Buscar

EL ARTE ES MORALMENTE MÁS CONFIABLE QUE LA POLÍTICA

  • garcesbjorge
  • 17 abr
  • 3 min de lectura

Jorge Garcés B.

 

 

Cualquier reforma política o constitucional debería hacerse parcialmente. En otras palabras, poquito a poco, porque en Colombia todavía no estamos negociando los significados. Por lo pronto, se está librando una batalla política por los símbolos de la nación. Es decir, hay una pugna ideológica por la memoria histórica del país, sus narrativas y por la legitimidad política de quienes tienen vocación o son una alternativa de poder.

 

Por otro lado, el Estado colombiano ha sido históricamente una especie de padre ausente, pero el paternalismo de Estado tampoco es la solución. Los Estados fallan y por eso los legisladores deben hacerle ajustes permanentes al sistema democrático y desde Bogotá tienen que descentralizar al país. Las reformas políticas o constitucionales precisamente existen para evitar revoluciones o conflictos armados y su razón de ser consiste en abrir nuevos espacios para el progreso social, pero siempre bajo el entendido de que los cambios culturales, morales y económicos son los más sensibles.

 

Es más, los gobiernos democráticos ni siquiera controlan por completo las economías de sus países. Son millones de personas y fenómenos exógenos los que diariamente lo hacen. De tal manera, que el poder político se sintetiza en un decreto o una ley, pero para que el decreto o la ley se materialicen pueden pasar años. Sin embargo, la mitad de la humanidad no vive actualmente en democracia y el planeta Tierra no es exactamente el mundo de los sueños sino el de los autoritarismos.

 

Así que existe una relación problemática entre nosotros y la democracia. La democracia es un sistema político idealizado, donde habitan servidores públicos, ciudadanos y unas reglas de juego. El objetivo principal de la democracia es evitar la violencia y equilibrar los poderes o las relaciones de poder para mejorar la vida diaria de las personas; para que los ciudadanos sean protagonistas en la toma de decisiones y sobre todo para enriquecer el diálogo democrático, la deliberación, la crítica constructiva, estimular las soluciones colectivas y consolidar la confianza ciudadana.

 

Esto es racionalizar los ideales democráticos para abrazar los miedos, las dudas y a la diferencia misma, porque tolerar es teológico, pero respetar es democrático y las mejores democracias tienen los mejores conflictos sin soluciones a la vista o sin resolver. Ahora bien, conflicto no es guerra. Es entender que una completa armonía social es imposible e indeseable y que la importancia del conflicto radica en reconocer al otro, superar la negación de la otredad y el silencio de los guerreros.

 

El conflicto es una tensión permanente entre libertad e igualdad, seguridad y libertad, justicia y paz (pilares trágicos del Estado Social de Derecho). Entre tanto, “elegir es excluir” (Foucault), pero hombres como Estanizlao Zuleta, escogieron no escoger como un derecho superior, más que democrático y como una crítica hacia la economía de mercado anglosajona.

 

Lo cierto es que la gente en Colombia quiere vivir en paz, pero todos los caminos nos siguen llevando hacia la guerra y la forma de hacer política tiene una responsabilidad detrás de todo esto, porque primero es un acto de seducción y luego de desafección; y, porque siempre suele surgir un abismo entre la voluntad política de los servidores públicos y la voluntad general de los ciudadanos.

 

Por lo tanto, ante las distintas problemáticas que enfrentan las democracias liberales de hoy, algunas personas vienen planteando la idea de que a través de la oferta cultural se ayude a dignificar la vida de los ciudadanos, materializando la justicia social y el desarrollo sostenible, porque el arte es moralmente hoy mucho más confiable que la política. Lo cierto es que el mundo está pasando de la democracia a la meritocracia (tiranía del mérito) y de la clase trabajadora a la clase creativa.

 

La meritocracia es más individualismo y podría terminar legitimando la desigualdad, la exclusión y agravando la desigualdad de género. Y la clase creativa también es más individualismo, porque podría sintetizarse en una frase de Miguel de Unamuno: “lo que natura no da, Salamanca no lo presta”.

 

DOCUMENTO DE REFERENCIA Y/O CONSULTA

 

GAVIRIA, ALEJANDRO. “Contra el fanatismo: ensayos de una Colombia posible”. Editorial Planeta Colombiana S.A., Bogotá, febrero de 2026.

 
 
 

Comentarios


  • X
  • alt.text.label.Instagram
  • alt.text.label.Facebook
  • alt.text.label.YouTube

©2026 por LA LLAVE. Creado con Wix.com

bottom of page