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  ENTRE EL MISTERIO Y LA CLARIDAD
 
 
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Gabriel García Márquez pudo conjugar la escritura poética con el periodismo narrativo. No sé si era la época y el paradigma del realismo mágico, donde la descripción primaba sobre la egoísta síntesis conceptual y descorazonada de la abreviación literaria. O si simplemente se trató de la genialidad de un hombre que compartió generosamente con la humanidad el embrujo que le producía escuchar historias, propias de la tradición oral de un pueblito en medio de la nada (Gabo escribía para las personas y no para los escritores). “Habla de tu aldea y te volverás universal” (L. Tolstoi). “Y Gabo habló de Aracataca y se ganó el Premio Nobel” (Alejandro Santos). El punto es que el periodismo puede ser considerado como “el mejor oficio del mundo” (Gabo), aunque las salas de redacción sean para esclavos (Kapuchinski). Sin embargo, es difícil encontrar un equilibrio entre la ingenuidad y el asombro, porque lo que algunos llaman como “el último descubrimiento moderno” (la crónica, por ejemplo, y sus distintas tonalidades amarillas), a veces termina afectando a la relación entre la realidad y el lenguaje; entre el periodista y el poeta. El problema de la comunicación es la comunicación pero los conflictos en la poesía son distintos: naces, mueres y vuelves a nacer, mientras las palabras cambian de significado. No obstante, la palabra es objeto y el objeto de estas palabras también es para decir que sigo creyendo en que hay que buscar la verdad aunque no exista, que los procesos son más importantes que los resultados y que no todo en esta vida debe hacerse para recibir una retribución económica. “Y había que construir una red de historias alternativas para reconstruir la trama perdida”. Y lo hicimos o al menos lo intentamos en La Llave durante cuatro años en radio y luego año y medio en Internet. Pero ha llegado el momento de decir que he optado por el misterio poético, porque ya no tengo alientos para la claridad que exige el periodismo de hoy… ¡Muchas gracias a todos! (Fragmento del poema: “El poeta se despide de los pájaros” de Pablo Neruda) Yo, poeta popular, provinciano, pajarero, fui por el mundo buscando la vida: pájaro a pájaro conocí la tierra; reconocí dónde volaba el fuego: la precipitación de la energía y mi desinterés quedó premiado porque aunque nadie me pagó por eso recibí aquellas alas en el alma y la inmovilidad no me detuvo.

 

JORGE GARCÉS B.

 

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ENTRE EL MISTERIO Y LA CLARIDAD
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DE LO QUE ESTAMOS HABLANDO
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VOLVER AL FUTURO
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SOCIEDAD DE PAPEL
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EL ESTADO
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REFLEXIÓN

 
 
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